¡No demores en buscar al Médico de almas!
Cristiano, ¡tampoco tú te demores si, por imprudencia o por obra del maligno, has probado el veneno del pecado!
Si, por imprudencia, una persona ingiere veneno o cualquier otra sustancia dañina y siente dolor en el estómago, no pierde el tiempo, sino que inmediatamente recurre a los medicamentos y busca sanar. Cristiano, ¡tampoco tú te demores si, por imprudencia o por obra del maligno, has probado el veneno del pecado! ¡No te demores, te digo, sino corre inmediatamente en busca de la curación!
Corre con fe hacia Cristo, Médico del cuerpo y del alma, y pídele que sane tu alma. Muéstrale la herida que te ha causado el enemigo. Muéstrasela, aunque Él ya la conozca. Póstrate ante Él y, con el corazón contrito, confíale tu dolor. ¡No te avergüences ni tengas miedo! Él conoce tu dolor incluso antes de que se lo confieses.
Pero es necesario que la confesión sea de todo corazón y voluntaria, para que tú mismo reconozcas tu culpa delante de Él y no ocultes tu pecado. Háblale y confíésale tu iniquidad:
“He pecado, Señor, ¡ten misericordia de mí! ¡Sáname, Señor, porque he pecado contra Ti!”.
(Traducido de: Sfântul Tihon din Zadonsk, Comoară duhovnicească, din lume adunată, Editura Egumenița, Galați, 2008, pp. 105-106)
