Palabras de espiritualidad

No hay fe recta sin una vida recta

  • Foto: Constantin Comici

    Foto: Constantin Comici

Así son quienes unen una vida sucia como la de los cerdos, con la fe correcta, y persisten en vivir sometidos al pecado. Son personas que consideran placer y deleite aquello que es causa de una amarga condenación.

Nuestra fe es buena, recta e íntegra, y fuera de ella no hay otra. Pero la fe recta necesita también de una vida recta y de obras dignas de la fe, para que la vida esté en armonía con la fe, como dos bueyes escogidos y unidos por Dios bajo el mismo yugo, con los cuales se ara una tierra que da vida.

Sin embargo, cuando tenemos una fe recta y, al mismo tiempo, una vida de pecado, nos parecemos a un hombre insensato que ha uncido un cerdo con un buey y se empeña en sembrar y arar de ese modo, esperando alimentarse de ello, vivir y librarse de la muerte.

Al ver a un hombre así, quienes caminan por el camino de la vida —los hombres temerosos de Dios y los ángeles— se reirán y dirán: “Vengan a ver a este hombre. En verdad, es extraño y necio: ha uncido un buey con un cerdo y piensa que así podrá sembrar y arar, y vivir de ello”.

Y si le dicen: “¿Por qué te esfuerzas en vano, hombre? ¿Por qué no percibes la vergüenza y las burlas que tú mismo provocas? Sabes que no corresponde al buey arar con el cerdo. Porque solo al buey le corresponde la tarea de tirar del arado y abrir los surcos, sembrar y arar; mientras que la ocupación del cerdo es hozar la tierra con el hocico y revolcarse en el lodo y, cuando llegue el momento, ser degollado con el cuchillo”. Pero él, en vez de aceptar lo que le dicen y desuncir a los animales, riéndose y disfrutando aún más, responde: “Sí, sí, ustedes no saben qué placer y qué deleite me produce ver este yugo que he hecho”.

Así son quienes unen una vida sucia como la de los cerdos, con la fe correcta, y persisten en vivir sometidos al pecado. Son personas que consideran placer y deleite aquello que es causa de una amarga condenación.

Y a quienes exhortan a personas semejantes a arrepentirse, muchas veces incluso los consideran sus enemigos; o se toman a la ligera lo que se les dice, se burlan de ello y lo desprecian, o simplemente no prestan ninguna atención a la fuerza de esas palabras.

(Traducido de: Sfântul Neofit Zăvorâtul din Cipru, Scrieri II. Cateheze. Testamentul tipiconal, traducere de Laura Enache, Editura Doxologia, 2016, pp. 131-132)


 

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