No son nuestras obras las que nos darán la salvación, sino la misericordia de Dios

 

El mismo San Antonio el Grande afirmaba que no se salvaría, ¡Y quién era San Antonio! Las obras del hombre no lo salvan sin la gracia de Dios. Dice el Señor: “Lo que para el hombre es imposible, para Dios es posible”.

¿Acaso debemos orar sólo cuando el maligno nos molesta? ¡Hagámoslo siempre! Y si nos tienta, porque Dios le ha dado permiso, es una razón más para no dejarnos dominar por él. Necesitamos vivir en un estado de presencia continua, porque la gracia de Dios nos ayuda. Porque no podemos salvarnos sin la gracia de Dios. Es imposible salvarte, no importando cuánto te esfuerces, sólo por medio de tus obras, sin la gracia de Dios. Recuerda qué le dijo Cristo a San Siluano el Athonita:

“La mente en el infierno y la esperanza en Mí”.

Es decir, no te salvarás sólo por tus propias obras. El mismo San Antonio el Grande afirmaba que no se salvaría... ¡Y quién era San Antonio! Las obras del hombre no lo salvan sin la gracia de Dios. Dice el Señor: “Lo que para el hombre es imposible, para Dios es posible”. San Pedro le preguntó: “¿Qué hacemos, Señor, quién nos va a salvar?”. Entonces, insisto, no son nuestras acciones las que nos darán la salvación, sino la misericordia de Dios, pero debemos vivir en ese estado de presencia continua. No puedes merecer tantas gracias, si no vives en una humilde presencia.

(Traducido de: Arhim. Arsenie Papacioc, Cuvânt despre bucuria duhovnicească, Editura Eikon, Cluj-Napoca, 2003,  p. 203)