¡No te separes más de tu Señor y Salvador!
Mientras esté a tu lado tu Maestro y Señor, mientras tu Salvador y Benefactor no se vaya de tu lado, dirige sin cesar tu corazón y tu clamor a Él.
¡Mientras tengas a quién llamar “Maestro mío”, “Señor mío”, “Salvador mío” o “Benefactor mío”, con los ojos llenos de luz y el corazón conmovido, sigue susurrando esos santos nombres y déjate envolver por tan bienaventurado sobrecogimiento!
Mientras esté a tu lado tu Maestro y Señor, mientras tu Salvador y Benefactor no se vaya de tu lado, dirige sin cesar tu corazón y tu clamor a Él.
Búscalo siempre con tu amor y tu gratitud. Repite Su amado nombre, cada vez con más fervor y añoranza, porque no hay nada más hermoso y más sublime de tu parte que esto que cuesta más encontrar entre los hombres. Si le dices al Señor: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios Vivo”, como Pedro (Mateo 16, 16), haces bien, pero procura no volver a separarte de Él.
(Traducido de: Un mare mărturisitor creștin: Preotul Constantin Sârbu, Editura Bonifaciu, București, 2008, p. 189)