Nuestra esperanza de salvación...
Si, apoyándonos en el viento, nos dejamos llevar por pensamientos de grandeza, no hacemos otra cosa que arrojarnos nosotros mismos al abismo.
Tal vez alguien pregunte: “Si una persona no realiza esas obras dignas de Dios, ¿ya no tiene esperanza de salvación?”.
Sí tenemos esperanza de salvación, si confesamos nuestra debilidad y la pequeñez de nuestra fe. Porque quien es débil necesita misericordia, no exaltación. Y si necesitamos misericordia, también necesitamos humildad, para que, por medio de ella, atraigamos la compasión del Señor. Pues está escrito: “En nuestra humillación se acordó de nosotros el Señor y nos libró de nuestros enemigos” (Salmos 135, 23). Y también: “Fui humillado, y Él me salvó” (Salmos 114, 6).
Pero si, apoyándonos en el viento, nos dejamos llevar por pensamientos de grandeza, no hacemos otra cosa que arrojarnos nosotros mismos al abismo.
(Traducido de: Sfântul Efrem Sirul, Cuvinte şi învăţături vol. 1, Editura Bunavestire, Bacău, 1997, p. 105)
