Palabras de espiritualidad

Nuestra lucha nos hará acercarnos a Dios

  • Foro: Crina Zamfirescu

    Foro: Crina Zamfirescu

Sabiendo cuáles son las artimañas del maligno, esforcémonos por pisotearlo mediante la humildad y la obediencia, la paciencia y el amor, caminando en el espíritu de mansedumbre.

Sabiendo, pues, amados hermanos, cuáles son las artimañas del maligno, esforcémonos por pisotearlo mediante la humildad y la obediencia, la paciencia y el amor, caminando en el espíritu de mansedumbre. Así, en el Espíritu Santo, seamos partícipes de la semejanza con Cristo: extirpando el tumor de la riqueza, derribando por tierra la soberbia, destruyendo la gula, refrenando los apetitos que nos encienden, apaciguando nuestros miembros mediante la abstinencia de toda clase de pasiones; adquiriendo un ojo limpio, sin dejarnos engañar por una belleza ajena; sin elevarnos en pensamientos perversos contra el conocimiento de Dios; esforzándonos por llorar siempre nuestros pecados; perseverando en la oración y siendo diligentes; sirviendo a los enfermos con gran solicitud; apartándonos de toda palabra de aversión y sin prestar oído a la desobediencia; caminando con nobleza y santidad, y no buscando la vanagloria, para no apartarnos de la compañía de los santos; sin prestar dinero con interés, sin privarnos de una vida sencilla y pobre, ni herir a nuestro prójimo.

Pues todas estas cosas son la destrucción del engaño del demonio. Contra quienes viven de esta manera, el enemigo nada puede. Porque, según está escrito: “Tendieron su arco para lanzar una flecha amarga, pero perecieron mientras tramaban la iniquidad”.

Así es como debemos combatir a los demonios y adquirir la perla preciosa y el tesoro que nadie puede robar, y llegar a formar parte de los fieles y ser como juiciosos administradores. Para que, cuando venga el Señor, nos encuentre haciendo que los cinco talentos produzcan otros diez. Y así nos pondrá sobre todos los bienes que nos ha prometido: las diez ciudades, es decir, las siete de los cielos, la ciudad de Dios, la tierra de la incorrupción y las bondades del Paraíso; con nuestras lámparas resplandecientes por la fe y por la misericordia hacia los pobres, vigilantes en los vasos de nuestros cuerpos, para que, cuando se escuche el clamor de la trompeta: “¡He aquí que viene el Esposo!”, corramos prontamente a su encuentro, clamando: “¡Bendito es el que viene en el nombre del Padre, Dios de Dios, a quien sean la gloria y el poder por los siglos de los siglos!”. Amén.

(Traducido de: Sfântul Simeon Stâlpnicul din Muntele Minunat, Cuvinte ascetice, Editura Doxologia, Iași, 2013, p. 110)


 

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