Nuestro corazón se endurece si no obramos las virtudes
Todos tenemos inclinaciones espirituales, tanto hombres como mujeres, y no podemos justificarnos. Basta con que queramos poner en valor las capacidades que Dios nos ha otorgado para llegar al Cielo junto a Él.
Asimismo, las mujeres poseen también el amor en su propia naturaleza y pueden entregar su corazón a Dios, mientras que los hombres necesitan ser trabajados para que su corazón obre para Dios. Por lo demás, el hombre no se distingue de una estatua de piedra cuando su corazón no está en actividad.
Por consiguiente, todos tenemos inclinaciones espirituales, tanto hombres como mujeres, y no podemos justificarnos. Basta con que queramos poner en valor las capacidades que Dios nos ha otorgado para llegar al Cielo junto a Él; así se alegrará Él, y nos alegraremos también nosotros, como hijos Suyos.
Tal como nuestro Buen Dios se comporta siempre con nosotros con amor y bondad y nos llama al Paraíso, del mismo modo, tampoco nosotros debemos comportarnos de forma incorrecta con nuestros semejantes ni tranquilizar nuestra conciencia pensando que enviamos almas al Cielo con nuestro áspero modo de ser. Aquel que se comporta así, supuestamente para ofrecer provecho espiritual a las almas de los demás, es peor que Diocleciano, porque este era idólatra y no cristiano.
(Traducido de: Cuviosul Paisie Aghioritul, Epistole, Editura Evanghelismos, pp. 149-150)
