Palabras de espiritualidad

¡Permanezcamos atentos al pecado de juzgar a los otros!

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

Translation and adaptation:

En el momento en que el juicio sobre los actos de los demás se entrelaza con el desprecio hacia ellos —y no con el sufrimiento fraterno por ellos y con el saber guardar del respeto hacia su persona—, eso es condenación, ¡y es un gran pecado!

«Me escribes acerca de N. N., preguntando qué clase de alma tiene ella, pues consigue ensombrecer con sus palabras a todos y a todo.

En todos los niveles hay pecadores, y la misericordia de Dios los cubre, esperando su conversión. No debemos generalizar los casos particulares; es decir, a partir de un solo hecho no debemos sacar conclusiones sobre el carácter de una persona, ni a partir de una sola persona sobre toda una categoría de personas.

Lo importante es no dar más crédito a tales cosas, tomándolo como una broma. No nos desviemos de la norma de no creer las acusaciones.

Un día, un monje vino a ver a un anciano stárets, para hablarle mal de otro. Entonces, el anciano le preguntó:

—¿De dónde sabes eso?

El monje respondió:

—Me lo contó un hombre bueno.

—No, no fue un hombre bueno —le contestó el anciano—. Si hubiera sido bueno, no habría hablado mal de otro.

Así debemos hacer también nosotros.

Que el Señor nos libre de fijarnos en las faltas ajenas; no creamos en los rumores, y nuestra alma permanecerá limpia. Pero ¿qué haremos con el pecado de la condenación? Porque en el momento en que el juicio sobre los actos de los demás se entrelaza con el desprecio hacia ellos —y no con el sufrimiento fraterno por ellos y con el saber guardar del respeto hacia su persona—, eso es condenación, ¡y es un gran pecado! ¡Estemos atentos!».

(Traducido de: Sfântul Teofan ZăvorâtulÎnvățături și scrisori despre viața creștină, Editura Sophia, București, 2012, p. 90)

 

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