Palabras de espiritualidad

Por qué tenemos que prepararnos para llevar en nuestro interior al Espíritu Santo

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

El Espíritu Santo nos lo enseña todo. Nos santifica. Nos deifica. Cuando tenemos el Espíritu de Dios, ya no podemos cometer ningún pecado. Teniendo al Espíritu Santo, ya no podemos hacer el mal.

El ser humano es un misterio. Llevamos dentro de nosotros una herencia de siglos: todo el bien que vivieron los profetas, los santos, los mártires, los apóstoles y, sobre todo, nuestro Señor Jesucristo. Pero también llevamos dentro el mal que existe en el mundo desde Adán hasta nuestros días. Todo está dentro de nosotros: los instintos y todo lo demás, y todo ello reclama ser alimentado. Si no lo alimentamos, tarde o temprano se rebelará contra nosotros, a menos que lo encaucemos hacia otro lugar, hacia lo alto, hacia Dios.

Por eso, debemos deshacernos del hombre viejo y revestirnos del hombre nuevo. Esto es lo que profesamos en el Sacramento del Bautismo. Por medio del Bautismo entramos en la alegría de Cristo: “Todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo os habéis revestido” (Gálatas 3, 27).

El segundo bautismo es la confesión, por medio de la cual nos purificamos de las pasiones y resucitamos de entre los muertos. Así viene la Gracia Divina, por medio de los Sacramentos.

El Señor dijo a Sus discípulos: “Cuando venga el Espíritu Santo, os enseñará todas las cosas” (cf. Juan 14, 26). El Espíritu Santo nos lo enseña todo. Nos santifica. Nos deifica. Cuando tenemos el Espíritu de Dios, ya no podemos cometer ningún pecado. Teniendo al Espíritu Santo, ya no podemos hacer el mal. Ya no podemos enojarnos, odiar ni albergar malos pensamientos.

(Traducido de: Ne vorbeşte părintele Porfirie – Viaţa şi cuvintele, Traducere din limba greacă de Ieromonah Evloghie Munteanu, Editura Egumeniţa, 2003,  pp. 227-228)