¿Qué es, en sí, la contrición?

 

La contrición es trabajar en el presente viendo hacia el futuro, porque el futuro se decide en el presente que vivimos.

El sentido de la contrición es este: la transformación de la mente del hombre, la metanoia. Arrepentirte significa vivir con sensatez, habiendo reformado tu mente. San Marcos el Asceta dice: “No obedezcas a tu corazón mientras haya pasiones en él, porque siempre pondrá ante tus ojos eso que tiene en su interior”. La metanoia es vivir con una mente superior, es decir, ser racionales, como diría San Antonio el Grande.

El arrepentimiento nunca debe ser entendido como una forma de quedarnos paralizados viendo hacia el pasado, mucho menos como una lamentación. Dios no necesita nuestros lamentos, sino hombres que se comprometan con el bien. El arrepentimiento no depende tanto del pasado como del presente, buscando siempre un futuro transformado para bien. La contrición no es actuar en el presente viendo hacia el pasado, porque, aunque no lo queramos, el pasado es irrecuperable, ya no hay nada que podamos hacer para cambiar lo hecho. La contrición es trabajar en el presente viendo hacia el futuro, porque el futuro se decide en el presente que vivimos.

(Traducido de: Arhimandritul Teofil Părăian, Veniți de luați bucurie, Editura Teognost, Cluj-Napoca, 2001, pp. 108-109)