Palabras de espiritualidad

Que tu oblación sea silenciosa, imperceptible para los demás

  • Foto: Catalin Acasandrei

    Foto: Catalin Acasandrei

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El auténtico hombre de fe es humilde, porque no juzga. Y si tenemos este estado del alma, seremos capaces de vencer todo.

De tal manera debemos vivir nuestro esfuerzo ascético, nosotros, los cristianos, que los demás casi no noten qué clase de trabajo espiritual estamos realizando.

Por ejemplo, tan ejemplar fue la vida de José en casa del faraón, que se ganó su amor y su respeto. Se casó con la hija del sumo sacerdote de Egipto, mismo que, por supuesto, era un sacerdote idólatra, un sacerdote que ofrecía sacrificios a los demonios. Y con tanta sabiduría se condujo el justo José, que ni se apartó del Dios Vivo ni despreció a los demás con su piedad; no los escandalizó ni los levantó contra él.

Lot pudo vivir como un justo en Sodoma, entre toda esa perversión y pecados de cualquier clase. ¿Por qué? Porque no juzgó a nadie. Así era Lot.

Dicho lo anterior, es propicio recordar que la vida santa no ve en los demás motivo de escándalo. Porque el auténtico hombre de fe es humilde, porque no juzga. Y si tenemos este estado del alma, seremos capaces de vencer todo. Y no encontraremos oposición alguna.

(Traducido de: Ieromonah Savatie Baștovoi, Singuri în fața libertății, Editura Cathisma, București 2009, p. 15)



 

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