¿Qué “verdad” seguimos?
Quien se ha impregnado de ese miasma comienza a delirar como un lunático, pues todo se le presenta de manera completamente distinta de lo que realmente es y de cómo lo percibe una persona de mente sana.
Entre las espinas que ahogan la palabra de la verdad divina, además de las riquezas, los placeres y las aflicciones del mundo, debemos incluir hoy también las diversas enseñanzas falsas difundidas por eruditos que han perdido la verdad y se han apartado de su camino.
Tales enseñanzas están muy extendidas entre nosotros: algunas se oponen abiertamente y a grandes voces a la verdad; otras lo hacen mediante alusiones veladas, pero comprensibles para aquellos a quienes van dirigidas. En realidad, actúan como un miasma embriagador: al penetrar inadvertidamente en la mente, la ofuscan y hacen que pierda la percepción clara de cuanto la rodea. Quien se ha impregnado de ese miasma comienza a delirar como un lunático, pues todo se le presenta de manera completamente distinta de lo que realmente es y de cómo lo percibe una persona de mente sana.
Si nos encontramos con alguien así, veremos que en él no solo ha desaparecido la verdad, sino que se ha extinguido incluso el sentido mismo de la verdad, y la mentira ha establecido su morada en toda su estructura mental.
Pero ¿qué debemos hacer? No debemos escuchar ni leer sus delirios; y si los oímos o los leemos involuntariamente, echémoslos de nuestra mente. Si no lo logramos, pasémoslos por el tamiz del recto pensamiento cristiano, y todo se disipará como el humo.
(Traducido de: Sfântul Teofan Zăvorâtul, Tâlcuiri din Sfânta Scriptură pentru fiecare zi din an, Editura Sophia, București, p. 194)
