¿Reír para aliviar al otro… o para burlarse de su dolor?
El cinismo es uno de los paisajes más desoladores del alma humana.
Hay personas que ríen frente al sufrimiento, ya sea el suyo o el de los demás. La risa ante el sufrimiento puede expresar dos realidades muy distintas, aunque exteriormente tenga la misma apariencia. Entre quienes ríen en medio de las pruebas más dolorosas existen diferencias esenciales.
Algunos ríen ante el sufrimiento por insensibilidad, por una especie de invalidez interior. Son incapaces de comprender el dolor; ni lo aceptan ni luchan por aliviarlo. Ríen porque no ven, porque les falta humanidad.
Otros, en cambio, ríen porque, de no hacerlo, el dolor los terminaría doblegando. Ríen para engañar a la tristeza, para consolar su propia alma o la de los demás. En este caso, la risa se convierte en una terapia moral de grandes frutos.
Quien se ríe de su propio sufrimiento o del ajeno —sin que esa risa tenga como fundamento una profunda humanidad, es decir, sin que sea un aliento, una forma de sobreponerse o un remedio contra el mal presente— es un cínico. El cinismo es uno de los paisajes más desoladores del alma humana.
(Traducido de: Ernest Bernea, Îndemn la simplitate, Editura Anastasia, 1995, p. 19)
