Palabras de espiritualidad

Servir a Dios, nuestro principal propósito en esta vida

  • Foto: Florentina Mardari

    Foto: Florentina Mardari

Esto significa seguir el ejemplo de la Madre de Dios: ser humildes, es decir, no tener pretensiones, y sobre todo, no tener pretensiones religiosas.

“Haced lo que Él os diga” (Juan 2, 5). Podríamos decir que estas palabras son palabras eternas y el mensaje de guía de la Madre de Dios: “Haced lo que Él os diga”. A Él lo quiero poner en acción, a Él quiero tener en el centro de mi atención, a Él, a mi Hijo. “Haced lo que Él os diga” (Juan 2, 5).

La salvación se realiza por medio de Dios. De nada sirve que nosotros queramos hacer cosas extraordinarias. Lo que tenemos que hacer es ponernos en las manos de Dios, y entonces Dios obra como Santo, como Él sabe hacerlo con cada uno de nosotros. Y si Dios quiere que seamos reconocidos, nos hará ser reconocidos; y si Dios no quiere que seamos reconocidos, de nada sirve que nosotros queramos hacernos valer.

Esto significa seguir el ejemplo de la Madre de Dios: ser humildes, es decir, no tener pretensiones, y sobre todo, no tener pretensiones religiosas. Nadie dice que, como cristianos, no debamos ocupar puestos importantes en la sociedad, lugares destacados en la cultura, e incluso posiciones de liderazgo entre los hombres. Podemos ocupar tales lugares, y quiera Dios que haya cada vez más cristianos en puestos de responsabilidad, en posiciones desde las cuales puedan ayudar a los demás. Pero lo principal para nosotros es servir a Dios y dejar que Dios nos eleve al lugar donde Él quiera que estemos.

Así lo hizo la Madre de Dios. La Madre de Dios pareciera haber conocido de antemano aquellas palabras de San Isaac el Sirio: “La perfección es un abismo de humildad”.

(Traducido de: Arhimandritul Teofil Părăian, Veniți de luați bucurie, Editura Teognost, Cluj-Napoca, 2001, p. 84)