Un comportamiento equilibrado, ¡qué necesario es!
Ni siquiera a los muertos debemos condenarlos, porque las almas de todos los hombres están, por dicha, en las manos de Dios. Obrando así, creo que encontraremos misericordia.
Con frecuencia, un comportamiento sin discernimiento causa un mal mayor que el de los más insensatos que rompen cabezas, porque quienes carecen de discernimiento, con sus palabras cortantes, hieren corazones sensibles y muchas veces los hieren de muerte, llevándolos a la desesperación.
Asimismo, también hace mucho daño la cortesía terrenal cuando es hipócrita, porque puede engañarte, llevándote a abrir el corazón y a mostrar reverencia a una persona que no sabe lo que es la verdadera piedad (como si alguien diera monedas de oro a quien solo conoce el valor del bronce).
No debemos perder el tiempo aconsejando espiritualmente a personas que se complacen en conversaciones banales y expresan sus opiniones de manera egoísta. Incluso con personas conocidas es bueno tener prudencia en las conversaciones, porque si no hay un tema común, se comienza con algo espiritual y se termina murmurando contra otros. Y no solo perdemos el tiempo, sino que también perdemos el alma mediante el juicio, pues no tenemos derecho a juzgar a nadie, ni a personas ni a situaciones; si acaso, debemos ayudar una situación solo después de hablar de ella con dolor en el corazón.
Ni siquiera a los muertos debemos condenarlos, porque las almas de todos los hombres están, por dicha, en las manos de Dios. Obrando así, creo que encontraremos misericordia.
(Traducido de: Cuviosul Paisie Aghioritul, Epistole, Editura Evanghelismos, p. 155)
