Palabras de espiritualidad

Un tiempo sin principio ni final

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

En su sentido más amplio, la eternidad es aquello que no tiene principio ni fin; pero, en lo que respecta al hombre, la eternidad sí tiene un comienzo, aunque no tiene fin.

La idea de la vida futura está estrechamente unida a la idea de la eternidad y a la inmortalidad del alma. La eternidad es aquello que no tiene ni principio ni fin y que, por consiguiente, no conoce ni pasado ni futuro, sino únicamente un presente constante e inmutable.

La eternidad no es tiempo. En este sentido, la eternidad pertenece únicamente a Dios. Para el hombre, en cambio, la eternidad comienza en el seno materno, cuando recibe su existencia sin fin: Dios le infunde “aliento de vida, y el hombre se convirtió en un ser viviente”; lo creó “para la incorruptibilidad, a imagen de su propia naturaleza”, haciéndolo inmortal. Así, según la enseñanza de nuestra Iglesia Ortodoxa, la inmortalidad del alma consiste en la unidad de su ser, en la conservación de su individualidad y de su conciencia de sí misma (Archimandrita Antonio, rector de la Academia Eclesiástica de Kiev, Teología Dogmática).

En el caso del hombre, la eternidad comprende tres períodos bien definidos:

– El primer período de la eternidad es la vida en el seno materno. Allí se va formando, para la eternidad, el cuerpo, el hombre exterior.

– El segundo período es la vida sobre la tierra. En ella se prepara, para la eternidad, el alma, el hombre interior. De este modo, la vida terrena constituye el comienzo del tercer período de la eternidad: la vida más allá del sepulcro.

En su sentido más amplio, la eternidad es aquello que no tiene principio ni fin; pero, en lo que respecta al hombre, la eternidad sí tiene un comienzo, aunque no tiene fin.

(Traducido de: Părintele MitrofanViața repausaților noștri și viața noastră după moarte, Editura Credința strămoșească, Petru Vodă – Neamț, 2010, pp. 253-254)


 

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