Palabras de espiritualidad

Una humanidad enferma que necesita a Dios

  • Foto: Stefan Cojocariu

    Foto: Stefan Cojocariu

Los cristianos no logran colaborar, no logran convivir. Cada uno tiene su propia “religión”, cada uno tiene su propio “dios”, cada uno “adora” a Dios según su propio entendimiento, pero en lo profundo no se sienten hermanos.

Todas las desgracias que ocurren, todas las tragedias que suceden, todas las dificultades que aparecen en las familias cristianas, en los grupos cristianos —entre las personas, en general— suceden precisamente porque, en lo más profundo, las personas están enfermas. Ni siquiera se dan cuenta de ello, no lo reconocen, y cada uno quiere y se esfuerza por proyectar su estado enfermizo sobre los demás; quiere y se esfuerza por conseguir que los demás aprueben su estado enfermizo y su opinión equivocada.

Naturalmente, los demás también tienen su propio estado menos saludable, y así surgen conflictos, discusiones, guerras, luchas; existen malentendidos y, finalmente, los cristianos no logran colaborar, no logran convivir. Cada uno tiene su propia “religión”, cada uno tiene su propio “dios”, cada uno “adora” a Dios según su propio entendimiento, pero en lo profundo no se sienten hermanos —porque falta el amor del que hemos hablado—; no son verdaderamente hermanos, no son verdaderamente un solo hombre. Un hombre que procede del primer Adán y del segundo Adán, Jesucristo.

(Traducido de: Arhimandritul Simeon Kraiopoulos, Te cunoști pe tine însuți? Viața duhovnicească și problemele psihologice, Editura Bizantină, București, 2008, p. 108)