Palabras de espiritualidad

Una ofrenda por cada uno de nuestros semejantes

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

Por medio de la ofrenda ofrecida por los vivos, se niega a la vida su carácter de realidad plena y absoluta; y mediante la ofrenda ofrecida por los muertos, se niega a la muerte su poder de destruir al hombre.

Desde tiempos inmemoriales, los hombres han expresado, de manera clara o confusa, consciente o inconscientemente, la unidad del género humano a ambos lados del sepulcro. Todos los hombres son como uno solo; algunas partes de este hombre son invisibles y están ausentes en la muerte, mientras que las otras son visibles y están presentes en esta vida. Por eso, tanto unos como otros necesitan la ofrenda, el sacrificio, pues todos son partes de un mismo organismo que abarca a toda la humanidad.

Por medio de la ofrenda ofrecida por los vivos, se niega a la vida su carácter de realidad plena y absoluta; y mediante la ofrenda ofrecida por los muertos, se niega a la muerte su poder de destruir al hombre. En ambos casos, por medio del sacrificio se invoca a un Señor supremo, por encima de la vida y de la muerte.

(Traducido de: Sfântul Nicolae Velimirovici, Gânduri despre bine și rău, Editura Predania, București, 2009, p. 126)