¿Y si después de morir nadie se acordará de mí?
El excelso misterio del amor consiste en que estamos llamados a amar en la misma medida en que Dios nos ha amado, es decir, a poner la vida por los demás, hasta la entrega total.
El excelso misterio del amor consiste en que estamos llamados a amar en la misma medida en que Dios nos ha amado, es decir, a poner la vida por los demás, hasta la entrega total.
Esto podría parecernos temible. Y nos decimos: si me olvido de mí mismo y nadie vuelve a pensar en mí, ¿no es posible que desaparezca por completo del mundo de los vivos? Si nadie se acuerda ya de mí, si caigo en el olvido general, ¿qué sucederá? Pero Dios no te olvidará, la Madre de Dios no te olvidará, los santos no te olvidarán; tu ángel y las legiones celestiales no te olvidarán. Incluso los pecadores, inconstantes y débiles, no olvidarán: ellos, que a lo largo de su vida no supieron amar hasta el extremo, pero sí supieron amar con el corazón desgarrado por el dolor —por el dolor de la pérdida—, sin poder olvidar jamás.
Nuestra esperanza en la vida eterna radica en ser amados; por eso es inútil forzar las cosas, imponiéndonos a quienes nos rodean y apelando a lo vivido juntos, repitiendo ese “¡No se olviden, no se olviden!”, recordándoles no sólo los hechos buenos, sino también aquellos que podrían irritarlos, con tal de no ser olvidados y escapar de ese sentimiento aterrador de no existir, de ver la vida pasar a tu lado, de no ser más que una sombra, tu propio fantasma, al que nadie ve, nadie oye, nadie conoce…
(Traducido de: Mitropolitul Antonie al Surojului, Viața, boala, moartea, Editura Sfântul Siluan, 2010, pp. 161-162)
