Palabras de espiritualidad

Así se practica el amor al prójimo

  • Foto: Stefan Cojocariu

    Foto: Stefan Cojocariu

La pregunta fundamental es esta: ¿en qué estado se halla nuestro corazón con respecto al sufrimiento de quienes nos rodean?

La caridad no consiste solamente en dar de lo que tienes en tu bolsillo. También es aceptar al otro, sin apartarlo con tu mente. Por ejemplo, si tienes un compañero de trabajo que está enfrentando alguna adversidad, tienes que saber cómo consolarlo, cómo ofrecerle algo de luz. Si no tienes qué darle al pobre que te pide algo de dinero en la calle, puedes orar así: “¡Señor, apiádate de él!”. Lo mismo es válido cuando, digamos, vas en el tranvía o en el autobús, y ves desde tu ventana a alguien pidiendo en una esquina. La pregunta fundamental es esta: ¿en qué estado se halla nuestro corazón con respecto al sufrimiento de quienes nos rodean? Lo primero que se le preguntará a cada uno, en el Día del Juicio, será: “¿Por qué no les prestaste más atención a tus semejantes?”.

No hay nadie en vano cerca de nosotros. Cada persona que se halla a nuestro alrededor ha sido puesta ahí por Dios, para que puedas servirle y, al mismo tiempo, beneficiarte tú también. ¿Cómo? Porque puede ser que se trate de una persona con una fuerza espiritual más grande que la tuya. O lo puedes ayudar, soportándolo tal cual es. ¡Qué gran error cometemos cuando reprendemos a los otros! Dios es paciente con cada uno, y por eso elige a quién poner en tu camino, para que también tú lo soportes y pudas, así, ser recompensado.

Dios no nos mantiene aquí porque lo merezcamos. Si estamos vivos es porque Él se apiada de todos.

(Traducido de: Extras din „Ne vorbeşte Părintele Arsenie” (vol 3), ediţie îngrijită de arhim. Ioanichie Bălan, Editura Episcopiei Romanului, 1998, pp. 8-9)