Palabras de espiritualidad

Cuando nos decidimos seriamente a seguir al Señor...

  • Foto: Silviu Cluci

    Foto: Silviu Cluci

Desde entonces, el Señor dispondrá de nuestra voluntad de un tal modo que, con gran alegría, empezaremos a actuar.

El camino de la virtud se muestra, a quienes comienzan a amar el temor reverente de Dios, como uno muy áspero y totalmente sombrío; no porque en sí mismo sea así, sino porque la naturaleza humana, desde el vientre materno, vive acostumbrada a la comodidad y los placeres. Pero a quienes han logrado atravesarlo, (dicho camino) se les revela como algo agradable y hasta gozoso. Pues de este modo, la mala costumbre, sometida a la buena con la ayuda de la bondad, perece junto con el recuerdo de los placeres irracionales. Por eso, a partir de entonces, el alma camina con dulzura por todos los senderos de las virtudes.

Por esta razón, el Señor, al ponernos en el camino de la salvación, dice: “Estrecho y trabajoso es el camino que conduce al Reino, y pocos son los que entran por él” (Mateo 7, 14). Pero a quienes, con gran celo, desean acercarse a la observancia de Sus santos mandamientos, Él les dice: “Mi yugo es bueno y Mi carga es ligera” (Mateo 11, 30).

Por tanto, al comienzo de la ascesis, conviene practicar Sus santos mandamientos forzando de alguna forma la voluntad, para que, viendo nuestro Buen Dios el propósito que nos guía y nuestro esfuerzo, y que con verdadero gusto elegimos servir a Su gloriosa voluntad, se apresure a enviarnos en ayuda Su santa Gracia. Y desde entonces, el Señor dispondrá de nuestra voluntad de un tal modo que, con gran alegría, empezaremos a actuar…

(Traducido de: Everghetinosul, vol. 1-2, traducere de Ștefan Voronca, Editura Egumenița, Galați, 2009, p. 147)