De cómo debe ser nuestra vida de oración
La oración debe ser lo más abundante posible. Con oración debemos despertarnos y con oración debemos acostarnos, y no tener maldad ni rencor contra nadie.
Yo ya soy muy anciano, tengo 94 años. Piensen en esto: a mi edad, ¿qué más puedo hacer? Ya no oigo bien, ya no veo bien; en todo momento espero la hora de mi partida. Porque el mismo Señor dice que al hombre se le dispuso que muriera una sola vez, y después viene el Juicio.
El Padre no juzga a nadie, dice el Señor. Todo el juicio se lo ha entregado al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, tampoco honra al Padre que lo envió.
Así pues, estemos atentos… no es cosa de broma. Todo el que se vaya de aquí, de la tierra —porque nadie permanece aquí, sino que todos partimos— lo verá.
La oración debe ser lo más abundante posible. Con oración debemos despertarnos y con oración debemos acostarnos, y no tener maldad ni rencor contra nadie.
Cualquier cosa que alguien nos haya hecho, cualquier injusticia que hayamos sufrido, debemos perdonarla. Porque el Señor nos ha perdonado a todos. Así también nosotros estamos obligados a perdonarnos unos a otros.
(Traducido de una entrevista realizada por TRINITAS TV con el padre Simeón Zaharia, en agosto de 2022)
