Dios nos habla

 

Acostumbrémonos a ver a cada persona con el propósito de aprender de ella algo espiritual. Veamos a cada uno de nuestros semejantes como si fuera un libro espiritual, abierto por nuestro Señor justamente ante nuestros ojos.

Observemos con mucha atención el sol, la luz, el transcurrir del día, el firmamento y el anochecer, el sonido de las manecillas del reloj y, sobre todo, el tañido de las campanas de la iglesia por la mañana, al mediodía y al anochecer. ¡Con cuánta nitidez refulge el Reino de Dios en todo lo que podemos ver!

Acostumbrémonos a ver a cada persona con el propósito de aprender de ella algo espiritual. Veamos a cada uno de nuestros semejantes como si fuera un libro espiritual, abierto por nuestro Señor justamente ante nuestros ojos. Si hacemos esto, notaremos pronto el provecho espiritual que esto nos brinda. Al Señor le agrada rodearnos con todas las personas y cosas que necesitamos.

Dios mismo nos habla, pero nosotros no lo entendemos. Y nos habla sin descanso, sea por medio de otras criaturas, o por medio de nuestros semejantes, o con las palabras de algún libro.

(Traducido de: Sfântul Inochentie al PenzeiViața care duce la Cer, traducere de Adrian Tănăsescu-Vlas, Editura Sophia, București, 2012, pp. 75-76)