El ayuno del profeta Elías
Así hizo Elías que, por medio del hambre, todo el pueblo ayunara, con el fin de corregir la maldad nacida de la búsqueda de los placeres y de una vida entregada al desenfreno.
El ayuno permitió al profeta Elías contemplar un misterio inefable. Después de purificar su alma mediante cuarenta días de ayuno, fue considerado digno de ver al Señor en la cueva del monte Horeb, en la medida en que le es posible a un hombre contemplarlo (III Reyes 19, 8-13).
Por medio del ayuno devolvió con vida a la viuda a su hijo y, de ese modo, el ayuno le dio poder incluso sobre la muerte (III Reyes 17, 22). Una voz salida de una boca que había ayunado cerró los cielos sobre un pueblo impío durante tres años y seis meses (III Reyes 18, 1).
Y para ablandar el corazón endurecido de los obstinados, prefirió padecer él mismo junto con ellos. Por eso dijo: “Vive el Señor: no habrá lluvia sobre la tierra sino cuando yo lo diga” (III Reyes 17, 1).
Así hizo Elías que, por medio del hambre, todo el pueblo ayunara, con el fin de corregir la maldad nacida de la búsqueda de los placeres y de una vida entregada al desenfreno.
(Traducido de: Sfântul Vasile cel Mare, Omilii și cuvântări, omilia I despre post, VI, în col. PSB, vol. 17, p. 351)
