El camino que lleva al amor

 

El Espíritu Santo, que es el Espíritu del amor, puede habitar solamente en un corazón manso y humilde.

Traducción y adaptación: Jose David Menchu

Todos los que han sido capaces de amar a quienes los odian, a sus enemigos, los han vencido con el bien y con el amor. La compasión y la piedad son las cualidades fundamentales del amor. Quien tenga el amor, ese tendrá también la piedad y la compasión, porque no es posible amar sin sufrir con aquel a quien amamos. Y entonces la persona no puede dejar de hacer el bien a quienes lo necesitan, pero sin esperar su agradecimiento, sin la expectativa de una compensación equitativa.

Del amor puro brota la misericordia; desde el amor puro los verdaderos cristianos cumplen con los mandamientos de Cristo: dan prestado a quienes saben que no podrán devolvérselo y hacen toda clase de buenas acciones. El Señor pide que no esperemos nada a cambio del bien que hacemos, prometiéndonos la sublime recompensa de la felicidad eterna, diciendo que entonces seremos hijos del Altísimo. Sabemos bien lo que decía nuestro Señor Jesucristo sobre el estremecedor Juicio y sobre el hecho que los justos serán redimidos solamente por el amor, por sus actos de amor. Y serán llamados “hijos del Altísimo”, refulgiendo como estrellas en el firmamento. Pero, quienes no hayan tenido amor, los que no hayan practicado la piedad, esos serán llamados “hijos del demonio” y serán atormentados eternamente con este.

El amor es la plenitud de la ley (Romanos 13, 10). La misericordia es, de igual forma, toda la ley de Cristo, porque ella proviene del amor. ¿Qué hacer para alcanzar el amor? Se trata de una empresa grande, inmensa: es el propósito de nuestra existencia entera, el objetivo de nuestra vida. Fumios creados por Dios para que nos acercáramos a Él de forma espiritual. Vivimos para hacernos hijos del Altísimo, para perfeccionarnos, para buscarlo a Él. ¿Qué camino debemos seguir? El de la puerta angosta, el camino empedrado, abrupto y espinoso, sin temor a los sufrimientos, porque estos engendran mucho bien. El que sufre se libra del egoísmo y se vuelve sereno, manso y amoroso. Debemos seguir el camino de las tribulaciones, guardando todos los mandamientos de Cristo. Con nuestras incansables oraciones y ayuno debemos entrar en comunión con Dios. En verdad, han alcanzado el amor aquellos que, al igual que el venerable Serafín de Sarov, día y noche han orado y han ayunado con severidad. Y el Señor purifica sus corazones de toda mancha, porque el Espíritu Santo, que es el Espíritu del amor, puede habitar solamente en un corazón manso y humilde.

Así las cosas, tenemos que llenarnos de mansedumbre y humildad, para que pueda venir a nosotros el santo amor.

(Traducido de: Sfântul Luca al CrimeeiLa portile Postului Mare. Predici la Triod, Editura Sophia)