Palabras de espiritualidad

El mejor sacrificio se hace según la voluntad de Dios

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

Ponte como ley que todo esfuerzo espiritual que emprendas lo hagas en secreto y para Dios, guardando en tu mente el pensamiento de que no estás haciendo nada, y lo poco que haces, lo haces sin buen juicio, sino siguiendo tu propia voluntad.

Por tanto, ponte como ley que todo esfuerzo espiritual que emprendas lo hagas en secreto y para Dios, guardando en tu mente el pensamiento de que no estás haciendo nada, y lo poco que haces, lo haces sin buen juicio, sino siguiendo tu propia voluntad.

Repróchate siempre a ti mismo y dile a tu conciencia: “Con este esfuerzo me estoy ganando una gran condena, porque con él hago mi propia voluntad, y son las lisonjas y la gloria humanas las que me sostienen para llevar su carga. Por el contrario, aquellos que viven en los monasterios, en obediencia, todo lo hacen en silencio, aunque quizá no hagan lo que desean. Ellos soportan cualquier fatiga que les imponga el stárets, y además son pacientes cuando, junto a todo eso, son reprendidos, ofendidos, atribulados y despreciados. Y yo, que hago mi propia voluntad y soy débil de ánimo, he rechazado la obediencia; no hago grandes trabajos, sino que permanezco impasible y soy felicitado por todos por un sacrificio visible y aparente”.

Si haces y piensas así —si te consideras más pecador que cualquier otro hombre, si te reprochas a ti mismo que vives en la ociosidad y que comes el pan en vano, y si todo lo haces con humildad y amor—, entonces toda tu labor será acorde a la voluntad de Dios y podrás permanecer en tu celda de la forma debida.

Pero si no es así, atención, hermano, no sea que estés bregando en vano.

(Traducido de: Patericul Lavrei Sfântului Sava, Editura Egumenița, 2010, pp. 94-95)



 

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