Palabras de espiritualidad

El poder de un solo “¡Señor, ten piedad!”

  • Foto: Andrei Agache

    Foto: Andrei Agache

De este acontecimiento comprendí qué cerca está el Señor del hombre pecador y qué pronto escucha su oración.

Un día iba caminando por un campo, desde el campamento de Ustíijorsk, donde estaba destinado nuestro batallón de ingenieros, hacia el pueblo de Kolpino, para dejar en el correo un dinero que quería enviar al Monte Athos. Pero, por el camino, un perro rabioso se lanzó directamente hacia mí y, cuando llegó cerca, solo alcancé a decir: “¡Señor, ten piedad!”. Al pronunciar estas palabras, una fuerza invisible apartó al perro, como si hubiera chocado contra algo. Entonces, rodeándome, siguió su camino hacia Kolpino. Allí atacó a muchas personas y causó mucho daño a la gente y a las ovejas.

De este acontecimiento comprendí qué cerca está el Señor del hombre pecador y qué pronto escucha su oración.

(Traducido de: Cuviosul Siluan Athonitul, Între iadul deznădejdii și iadul smereniei, Ed. Deisis, Sibiu, 2000, p. 207)

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