Palabras de espiritualidad

El verdadero sentido del ayuno

  • Foto: Silviu Cluci

    Foto: Silviu Cluci

La lucha contra nosotros mismos por el Reino de Dios es el verdadero significado del Ayuno de la Cuaresma.

El arrepentimiento es el único camino de retorno a Dios. “No seremos condenados por nuestros pecados, sino por no haber querido arrepentirnos”, dice uno de los Santos Padres. Es verdad que, a veces, lo más difícil es perdonarse a uno mismo; ¡pero grande es la misericordia de Dios! En la medida en que respondamos con amor a Su amor y cambiemos de vida, seremos salvados. La lucha contra nosotros mismos por el Reino de Dios es el verdadero significado del Ayuno de la Cuaresma.

El Gran Canon de San Andrés de Creta es una escuela de arrepentimiento. Cada uno de nosotros se reconoce en su llanto. Nos ayuda a humillarnos, a examinar nuestra alma, orando junto con él.

Como hemos visto, el oficio del Canon no es una simple enumeración de faltas que nos ofrezca únicamente la posibilidad de una meditación. El Canon es mucho más: es un diálogo. Después de cada fragmento, todos los fieles participan en una oración común respondiendo: “¡Ten piedad de mí, oh Dios, ten piedad de mí!”. Yo diría: ten piedad de nosotros, pues todos podemos reconocernos en su confesión y en su súplica. Así, el Canon se ha hecho nuestro, comenzando con la pregunta:

¿Por dónde comenzaré a llorar las obras de mi vida miserable?
¿Qué principio pondré, oh Cristo, a mi lamentación presente?
Mas, Tú que eres Misericordioso, concédeme el perdón de mis pecados”.

Ten piedad de nosotros, oh Dios, ten piedad de nosotros…

El Canon entrelaza la confesión personal con hechos y caídas del Antiguo Testamento. Podemos reconocernos en todos los pecadores, comenzando por Eva y Adán. Hemos repetido innumerables veces sus pecados.

Emulando la desobediencia de Adán, me he reconocido desprovisto de Dios, de Su Reino, a causa de mis pecados”.

¡Ten piedad de mí, oh Dios, ten piedad de mí!

(Traducido de: Preotul Boris RăduleanuSemnificația Duminicilor din Postul Mare, volumul II, Editura Bonifaciu, București, 1996, pp. 62-63)



 

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