Palabras de espiritualidad

Hagamos todo lo posible por llegar a ser agradables a Dios

  • Foto: Oana Nechifor

    Foto: Oana Nechifor

Todo lo que hagamos, hagámoslo para agradar a Dios, con total desprendimiento, sin vanagloria, sin orgullo, sin egoísmo...

El alma enferma de vanagloria se aleja de la vida eterna. Al final, ¡el egoísmo es una auténtica insensatez! La vanagloria nos vuelve vacíos por dentro. Cuando hacemos algo solo para que los demás nos vean, nuestro interior queda espiritualmente vacío. Todo lo que hagamos, hagámoslo para agradar a Dios, con total desprendimiento, sin vanagloria, sin orgullo, sin egoísmo...

Puedes cantar en una iglesia o en un monasterio. Puedes tener una voz angelical y cantar a Dios sin ser consciente de que tantas personas te están escuchando, es decir, sin pensar en ello. ¿Es posible? No, no es fácil. Es difícil. Por eso muchos de quienes cantan en la iglesia se han extraviado. Por lo general, los buenos cantores suelen tener un gran egoísmo. Desde luego, no todos, pero sí la mayoría. Sin embargo, cuando uno posee humildad, aunque lea o cante hermosamente, no se dejará influir por quienes lo escuchan. “¿Y qué importa si lees o cantas bien y te oye tu padre espiritual?”, preguntará alguno. Eso no es nada, si tienes humildad.

Debemos llegar a ser buenos, cueste lo que cueste. Eso mismo intento también yo, ¡pobre de mí! Pero por un lado llega el cansancio, por otro la enfermedad me atormenta, y no consigo hacer nada. Sin embargo, sigo luchando. Quiero llegar a ser mejor, quiero glorificar a Dios con amor, con fervor; me esfuerzo, pero no logro nada. Aun así, esto me llena de alegría y de consuelo: que, al menos, me esfuerzo por amar a Cristo. Todavía no lo he conseguido, pero lo deseo.

(Traducido de: Ne vorbeşte părintele Porfirie – Viaţa şi cuvintele, Traducere din limba greacă de Ieromonah Evloghie Munteanu, Editura Egumeniţa, 2003,  p. 260)