Para aprender a ayunar
El ayuno pleno, verdadero y perfecto no es únicamente corporal, sino también espiritual: ayuno de alimentos, unido al ayuno de obras; ayuno en la comida y, al mismo tiempo, en la conducta.
La observancia de los ayunos es un deber del buen cristiano, contenido en el segundo mandamiento de la Iglesia.
Los Santos Concilios y las disposiciones dadas por los Santos Padres castigan con severidad a quienes no guardan los períodos de ayuno (Canon 69 de los Santos Apóstoles). Pero tenemos que ayunar con el alma también, no solo con el cuerpo. Es decir, no solamente absteniéndonos de ciertos alimentos, sino refrenándonos al mismo tiempo de las pasiones, de los pecados y de las tentaciones. Junto con la abstinencia de los alimentos permitidos fuera del ayuno, esforcémonos por purificarnos no solo en el cuerpo, sino también en el alma, perseverando en la oración y en el arrepentimiento.
El ayuno pleno, verdadero y perfecto no es únicamente corporal, sino también espiritual: ayuno de alimentos, unido al ayuno de obras; ayuno en la comida y, al mismo tiempo, en la conducta.
Así nos exhorta la Iglesia en los himnos de los oficios de la Gran Cuaresma: “Ayunemos con un ayuno agradable al Señor; el ayuno verdadero es apartarse del mal, dominar la lengua, dejar la ira, alejarse de los deseos, de la murmuración, de la mentira y del falso juramento. Privarse de todo esto es el ayuno verdadero y agradable”.
Y San Juan Crisóstomo dice: “¿Ayunas? Demuéstramelo con tus obras. ¿Cómo? Si ves a un pobre, compadécete de él; si ves a un enemigo, reconcíliate con él; si ves a un amigo a quien todos honran, no lo envidies; si ves a una mujer hermosa, aparta la mirada. Que no solo ayunen tu boca y tu estómago, sino también los ojos, los oídos, los pies, las manos y todos los miembros de tu cuerpo. Que tus manos ayunen permaneciendo limpias de robo y de avaricia. Que tus pies ayunen, evitando correr hacia espectáculos vergonzosos o seguir el camino de los pecadores. Que tus ojos ayunen, no mirando con deseo la belleza ajena… Que tu boca ayune de calumnias y de palabras deshonestas”,
(Traducido de: Învățătura de credință ortodoxă, Editura Doxologia, 2009, pp. 321-322)
