Qué es el amor verdadero y cómo alcanzarlo

 

El corazón ortodoxo debe orar con intensidad: “¡Señor del amor, concédeme también a mí Tu amor por todos y por todo!”.

La tercera virtud divino-humana es la del amor: se trata del amor que no conoce límites, que no se pregunta quién es digno y quién no, sino que abarca a todos; debemos amar a nuestros amigos y también a nuestros enemigos, a los pecadores y a los que obran el mal, sin amar sus pecados y sus crímenes. El amor bendice a los que han sido maldecidos y, al igual que el sol, brilla tanto para los buenos como para los malos (Mateo 4, 45–46). Este amor divino-humano debe ser cultivado en los corazones de los hombres, porque precisamente su carácter universal lo diferencia de otras formas de amor relativas y egoístas: el de tipo fariseo, el puramente “humanista”, el amor altruista, el amor nacionalista, incluso el amor “animal”. El amor de Cristo es siempre omnímodo. Y lo podemos alcanzar por medio de la oración, ya que es un don que viene de Él. Luego, el corazón ortodoxo debe orar con intensidad: “¡Señor del amor, concédeme también a mí Tu amor por todos y por todo!”.

(Traducido de: Părintele Iustin PopoviciCredința Ortodoxă și viața în Hristos, Traducere: prof. Paul Bălan, Editura Bunavestire, Galaţi, 2003, p. 14)