Algunas máximas para la vida, de San Lucas de Crimea

 

Por medio de la fe en Dios, nuestra existencia entera adquiere sentido, propósito y soporte. El alma está llena de un tesoro invaluable.

- Amados míos en Cristo: practiquemos la caridad con todo el corazón, considerando perdido el día en el que no hayamos ayudado a alguien, sea con una buena palabra, o compartiendo con el corazón sus penas y sufrimientos, o pidiéndole a Dios por él con nuestras oraciones.

- Si alguien nos ofende, con nuestro y silencio y nuestra paz lo podremos desarmar. Y se quedará callado, del mismo modo en que extinguimos un rescoldo cuando escupimos sobre él. Esto lo podemos ver también en la vida de muchos santos.

- El ayuno nos ayuda a arrepentirnos y salvarnos, porque, como sabemos, la gula es la madre de todas las demás pasiones y, al mismo tiempo, la más fácil de vencer. Si somos capaces de cumplir con este sencillo mandamiento, podremos controlar también las demás pasiones.

- Quien yerre en lo pequeño, también lo hará en lo más grande.

- Cerremos los ojos, inclinemos la cabeza y dirijamos los ojos de nuestro corazón a lo profundo de nuestro ser, buscando qué pasiones hay allí, qué clase de víboras tienen sus nidos en ese lugar... Y, una vez las hallemos, acudamos a confesarnos. No le ocultemos nada a nuestro padre espiritual.

- ¡Haz de tu corazón un monasterio! Haz que allí suene la toaca. Llama también a las vigilias, enciende el incienso y ponte a orar.

- Por medio de la fe en Dios, nuestra existencia entera adquiere sentido, propósito y soporte. El alma está llena de un tesoro invaluable.

- Sé que la mayoría de nuestros feligreses están asustados por el inesperado endurecimiento de la propaganda antirreligiosa. ¡No nos asustemos, no nos asustemos! Nada de esto llegará a nosotros. Y, entendamos y creamos que el pequeño rebaño de Dios es invencible; no le temamos a nadie, porque conocemos y guardamos las palabras de Cristo: “Edificaré Mi Iglesia y las puertas del infierno no podrán vencerla”.

- Si no puedes hacer un bien grande por los demás, haz al menos uno pequeño.

- Tal como es nuestro corazón, así también es nuestra vida. Si nuestro corazón es puro, santo y lleno de un amor ferviente por el Señor Jesucristo, todas nuestras acciones, todos nuestros pensamientos y toda nuestra filosofía de vida se llenarán de ese sentimiento, de esos santos mandatos del corazón. Entonces del buen tesoro de nuestro corazón saldrán buenos frutos en todo lo que hagamos, especialmente en nuestra vida cotidiana y en nuestra relación con los demás.

Fuente: basilica.ro