Elogio del ayuno equilibrado y sensato
Los Santos Padres, al hablar desde su propia experiencia espiritual, no aprueban los ayunos excesivamente prolongados.
Ahora les mostraré, hermanos, cuál es el ayuno verdadero y agradable a Dios. Conviene que lo conozcan, para que no ensalcemos el ayuno corporal por sí mismo y para sí mismo, sino que lo valoremos como colaborador de otras virtudes que son provechosas para el alma. Porque también San Pablo dice que el esfuerzo corporal aprovecha poco (I Timoteo 4:8).
Por eso, los Santos Padres, al hablar desde su propia experiencia espiritual, no aprueban los ayunos excesivamente prolongados. Más bien consideran más digno y agradable comer una sola vez al día, sin llegar a la saciedad. A esto lo llaman un ayuno moderado y equilibrado.
Así lo enseña también la Sagrada Escritura: que no nos dejemos engañar por la saciedad del vientre ni por el placer del paladar, sino que renunciemos al deseo de seguir comiendo otros alimentos. De este modo, tanto la cantidad como la calidad de la comida estarán en armonía con las fuerzas y la condición de quien se alimenta, para conservar, en la medida de lo posible, su salud.
Porque si una persona debilitada come con moderación los alimentos que se le ofrecen y que son adecuados para su estado de debilidad, esto no disminuye en nada su santidad. Quien esté débil no debe añadir a los alimentos verdaderamente necesarios otros que resulten vanos; debe buscar el alimento y no la vanidad, el alivio de la sed y no la embriaguez, el uso prudente y mesurado de la comida y no el exceso, el descontrol o el abuso de los alimentos.
(Traducido de: Sfântul Grigorie Palama, Omilii, volumul I, traducere din limba greacă de Dr. Constantin Daniel, Editura Anastasia, Bucureşti, 2000, pp. 181-191)
