Palabras de espiritualidad

Palabras para despertar a quien se queja por el ayuno

  • Foto: Benedict Both

    Foto: Benedict Both

En lo que a mí respecta, mis glándulas salivales están configuradas de tal manera, que hasta el pan negro lo como como si fueran auténticos bizcochos...”

Era el primer ayuno de Cuaresma de mi vida. Todo era nuevo para mí, y vivía emociones intensas. Los largos oficios litúrgicos del monasterio colmaban mi alma de alegría; en cambio, la sencilla comida de ayuno era para mí un verdadero castigo.

Un día, mientras caminaba hacia el refectorio del monasterio, pensaba con disgusto: “¡Otra vez kasha, y otra vez kasha!” (es decir, una especie de pilaf de cebada o mijo). Es algo que no soporto desde que era niño.

Mientras rumiaba mi aversión por aquella insoportable kasha, no noté que por un lado se ms había acercado el archimandrita Juan Krestiankin. Al ver mi gesto de disgusto, me dijo:

—En lo que a mí respecta, mis glándulas salivales están configuradas de tal manera, que hasta el pan negro lo como como si fueran auténticos bizcochos.

Después, con una sonrisa, me bendijo y oró por mí, poniendo sus manos sobre mi cabeza atiborrada de pensamientos sobre la kasha. Así tuvo lugar mi primer encuentro con aquel gran padre espiritual.

Y desde entonces hasta hoy, en la Gran Cuaresma me arrepiento sinceramente:

—Padre, no estoy ayunando… ¡me estoy deleitando! ¡Qué buenas son todas las cosas!

(Traducido de: Nina PavlovaZiua Sfântului Arhanghel Mihail, Editura Egumenița, Galați, 2014, pp. 32-33)



 

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