Palabras de espiritualidad

Sobre el auténtico propósito del ayuno

  • Foto: Andrei Agache

    Foto: Andrei Agache

Cuando el ayuno va unido a la oración, a la misericordia y a la vigilancia espiritual, se convierte en una ofrenda agradable al Señor y en un camino de renovación para el alma.

Tanto el ayuno como la oración y la práctica de las buenas obras tienen sus propias reglas y sus propios mandamientos. Por ejemplo, una buena obra realizada para recibir elogios de los hombres no obtiene recompensa de Dios. La oración que no va acompañada de buenas obras, la oración durante la cual la mente divaga y se dispersa, son momentos perdidos, un tiempo que no dará fruto.

También el ayuno tiene sus reglas. Muchos ayunamos; espero que todos lo hagamos. Si ayunamos conforme a la regla espiritual, recibimos la recompensa del ayuno. Pero debemos estar atentos, porque si no respetamos sus principios, nuestra abstinencia de alimentos resultará vana.

Abstente de la comida, de la bebida y de todo placer corporal desordenado. Ayuna no solo de los alimentos, sino también de los pecados. Refrena tus cinco sentidos —la vista, el oído, el tacto, el gusto y el olfato— para que seas semejante a las “vírgenes prudentes” del Evangelio.

Porque el verdadero ayuno no consiste únicamente en privarse de ciertos alimentos, sino en purificar el corazón, dominar las pasiones, guardar la paz con los demás y acercarse más a Dios. Cuando el ayuno va unido a la oración, a la misericordia y a la vigilancia espiritual, se convierte en una ofrenda agradable al Señor y en un camino de renovación para el alma.

(Traducido de: Părintele Nicolae TănaseSă nu-L răstignim iarăși pe Hristos, Editura Agaton, Făgăraș, 2011, p. 121)


 

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