¡No desdeñes, hermano, los beneficios del ayuno!

 

Quien sea perturbado por un espíritu impuro, si entiende esto que digo y acude a este medicamento, es decir, al ayuno, verá cómo ese espíritu, viéndose acorralado, saldrá huyendo

1. Amemos el ayuno. Juntos, el ayuno y la caridad constituyen una gran protección para el cristiano. Juntos, protegen al hombre de la muerte. Tal como habiendo comido y desobedecido, Adán fue expulsado del Paraíso, así también, con el ayuno y la obediencia puede entrar nuevamente al Paraíso. ¡Embellécete con esta virtud, oh doncella, y le agradarás al Esposo Celestial! Porque las mujeres que están ligadas al mundo y adornan sus cuerpos con perfumes y ropajes caros, para agradar a los demás, a Dios le parecen despreciables. Pero Cristo no te pide nada de eso, sino solamente un corazón puro y un cuerpo casto, sometido al rigor del ayuno. Pero si viene alguien y te dice: “no ayunes tanto, que podrías enfermarte”, no le creas ni le obedezcas. Porque es el demonio quien le dicta esas palabras. Acuérdate de lo que está escrito, cuando aquellos tres jóvenes y Daniel fueron sometidos por Nabucodonosor, rey de Babilonia, junto con otros muchachos, y el rey les ordenó comer de su mesa y beber de su vino. Pero Daniel y los tres muchachos rechazaron deshonrarse de tal forma, por lo cual le dijeron al eunuco que los vigilaba: “Danos de las semillas de la tierra, y comeremos”. Y el eunuco respondió: “Ya que el rey, mi señor, fijó personalmente lo que deben comer y beber, temo que me eche la culpa y me castigue, si al llegar los encuentra más delgados que los jóvenes de su edad”Pero ellos replicaron: “Te pedimos que nos pongas diez días a prueba. Nos darás de comer semillas”. Y les dieron de comer eso que pedían, y cuando los presentaron ante el rey, tenían un aspecto mejor que el de los otros muchachos que comían en la mesa del rey.

2. ¿Ves todo lo que logra del ayuno? Sana las enfermedades, seca las secreciones corporales, expulsa al demonio, aparta los malos pensamientos, ilumina la mente, purifica el corazón, santifica el cuerpo y presenta al hombre ante el trono de Dios. Y para que no creas que estas cosas son mencionadas irreflexivamente, veamos lo que dice el Señor en el Evangelio. Cuando Sus discípulos le preguntaron: “Enséñanos, Señor, cómo expulsar demonios”. Y Él les dijo: “Esta clase de demonios no puede ser echado sino con ayuno y oración”. Quien sea perturbado por un espíritu impuro, si entiende esto que digo y acude a este medicamento, es decir, al ayuno, verá cómo ese espíritu, viéndose acorralado, saldrá huyendo. Porque los demonios se regocijan cuando damos rienda suelta a nuestros apetitos y al descanso del cuerpo. El ayuno es muy poderoso y nos lleva a conseguir grandes cosas. ¿Cómo es que hay hombres que obran grandes milagros y señales, ayunando, y también los enfermos sanan, esforzándose con humildad? El ayuno es la vida de los ángeles, y aquel que lo practica se asemeja a ellos. Pero no creas, amado hijo, que el ayuno es algo tan sencillo, porque no radica únicamente en privarse de ciertos alimentos. El ayuno consiste también en apartarse de todo lo que es malo. Porque si ayunas, pero no vigilas tu boca para que no diga cosas perniciosas o vierta bilis, o mentira, o falsos juramentos, o injurias, ningún beneficio obtendrás de tu esfuerzo. De hecho, lo perderás por completo. Asimismo, hijo mío, si ayunas, purifícate de toda codicia. Porque aquel que ama las riquezas es incapaz de amar a Dios. Porque la raíz de todos los males es la codicia (I Timoteo 6, 10).

(Traducido de: Sfântul Atanasie cel Mare, Despre feciorie, EPE, 11, traducere de Laura Enache)